LA PRENSA COBARDE: LA A.P.M.

El Pobre Poeta, pintado en 1839 por Carl Spitzweg. Es uno de los cuadros más conocidos y admirados en Alemania. Describe el idealismo de un poeta sumido en sus versos, desprendido de todo bien material, hasta de los muebles que le han servido para calentarse

Los soldados, los periodistas, los toreros y los poetas tienen una virtud en común: El valor. Sin esta virtud, el soldado será un desertor, el periodista un vendido, el torero un pelele y el poeta un cantamañanas.

Decía Zola en “Yo Acuso” que “nosotros, los poetas, somos los que ponemos en la picota eterna a los culpables. Las generaciones desprecian y escarnecen a los que condenamos. Hay nombres criminales que, cubiertos de infamia por nosotros, pasan a ser por siempre inmundos desechos. La justicia inmanente se reservó ese instrumento de castigo; encargó a los poetas que legaran a la execración de los siglos a aquellos cuya maldad social y cuyos crímenes excesivos escapan a los tribunales ordinarios”  

Allí donde se vote, exista o no una democracia, la prensa tiene la responsabilidad de publicar aquello que muchos no quieren escuchar. El periodista se debe solo a la verdad y ha de estar revestido de un valor considerable para enfrentar la verdad al cargo institucional, que por naturaleza, querrá silenciarlo. De ningún modo debe de ser sobornado. No debe consentir ser invitado, subvencionado, comprado por aquel que debe controlar.

Un periodista cobarde, temblará ante quien ostente la potestad del Estado, se sumará “al pacto tácito de silencio”  para no atacar al Jefe del Estado. Un pacto del que se siente orgullosa Dña. Victoria Prego Presidente de la Asociación de Prensa de Madrid, (APM)  la misma que ocultó su conversación con Suárez en la que éste confesó cómo hizo trampas para evitar un referendum sobre la República, la misma cronista oficial de la transición que defendió y tapó las vergüenzas del “heredero de Franco a título de Rey”, la que glosó la toma del poder de los franquistas a la muerte de Franco, la que se escondió ante la traición del Rey a su padre y a la monarquía, la que alabó al Secretario General del Movimiento (Suárez) para que repartiera el poder hasta que fue fulminado por no tener más poder que repartir. Este epítome de la valentía es la Presidenta de una Asociación cobarde que defiende a periodistas remilgados.

Denuncia esta plumífera melindrosa, que personas vinculadas a PODEMOS llama “tontos” a ciertos periodistas y los ofenden afirmando que “de donde no hay no se puede sacar”.  Las denuncias son anónimas. No porque los periodistas afectados se sientan avergonzados de revelar su miedo, sino porque sienten miedo de los autores de tamaños desafueros.  

Los valientes que ha de enfrentarse al poder con la verdad, tiemblan  porque el insulto “tontos” pueda pasar a mayores y sean tachados sin misericordia de “pazguatos”. Es  de imaginar el ataque de pánico que sufriría esta caterva de gazmoños, si fuera un Director General, un Ministro, un Presidente o un Rey quien los increpara por arrojarles a la cara la verdad que deben descubrir, defender y publicar.

España es uno de los países mas corruptos de Europa, gracias entre otros,  a periodistas que son el epítome de la cobardía. Es una nación mal informada por periodistas que han hecho grandes fortunas.

La APM ha venido recibiendo subvenciones otorgadas por los políticos de 8,6 millones de euros al año, que utilizaban, al parecer, para pagar el seguro médico de los periodistas afiliados. Recibían dinero de aquellos que deben controlar. Es decir, además de cobardes, se han dejado comprar.

Tocqueville estableció que se quiere a la prensa, por consideración a los males que impide, más que por los bienes que realiza.  Pero una prensa cobarde y vendida ni impide males,  ni  reparte bienes. Es la herida por la que se desangra el ethos nacional, es una alcantarilla, un pozo negro donde va a desaguar la verdad que debe alimentar la moral de un pueblo.

Como una barragana melindrosa, la prensa española recibe emolumentos del poder, al que teme y halaga,  se beneficia de las oportunidades de negocio que aquél le otorga y a cambio se ofrece como felatriz complaciente y obsequiosa.

Los periodistas gazmoños, han de ser arrojados al foro de los poetas, como fue arrojado Marco Antonio a los brazos de Cicerón,  que “le entregó al recuerdo  sempiterno de los hombres marcado con las más auténticas señales de infamia”.

Las manos que escribieron esas filípicas terminaron  clavadas en la puerta del Senado Romano, por orden de Marco Antonio. Cicerón pasó a la gloria y su víctima a la ignominia. Cicerón fue el verdugo de su asesino. No su felatriz.

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