ALEPO, ESA CUCHILLADA EN EL ALMA

ALEPO_CHILDREN

No. No deberíamos salir a comprar guirnaldas y bolitas de colores. Esferas de rojo sangre con brillos. No. No deberíamos festejar – los que aún lo hagan – la llegada de ningún mesías. Los niños son los mesías que están en Alepo muriendo de frío y de sed. No tienen portal con paja en el suelo y una vaca y un borrico que los caliente. No tienen una madre que los haya concebido sin perder la virginidad. Sus madres han pegado alaridos para traerlos al mundo y, tal vez, su padre ya no lleve la cabeza sobre los hombros o esté descomponiéndose entre los escombros de un callejón. No. No tenemos que extender bonitos folios con motivos dorados para que nuestros hijos escriban la carta a los Reyes Magos. Debemos, sin herir su sensibilidad, explicarles que en otro lugar diferente de la Tierra no hay trineos que llevan a Papá Noel tocando campanillas de alegría. Que hay amiguitos suyos que no pueden acercarse a la cocina a beber agua mineral, que no pueden cubrirse con una manta cuando fuera de sus paredes de escombros, hasta las ratas se congelan, que no pueden caminar con los calcetines de Disney sobre el cálido suelo de parqué. No. No podemos mirar hacia otro lado. No podemos ser cómplices de ese brutal crimen. Al menos, debemos ensangrentar nuestras cuerdas vocales gritando contra ese miserable genocidio. Esas 40.000 personas que están en Alepo deben ser salvadas o será esta especie a la que llaman humana la que jamás tendrá salvación. No quiero cerrar los ojos y escuchar llantos. No quiero taparme los oídos y ver hombres y mujeres mutilados. No quiero que me llegue la energía quebrada, cruel y dolorosa de un padre sentado sobre una piedra con su niño muerto en los brazos. Sí quisiera volcar millones de lágrimas y bloquear el teclado del ordenador para siempre. Para no tener que volver a escribir puñaladas como estas. Porque creo que yo también me estoy muriendo poco a poco.

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Un comentario sobre “ALEPO, ESA CUCHILLADA EN EL ALMA”

  1. Muy acertado el artículo al no resaltar a los culpables.
    Independientemente de quiénes sean los inhumanos organizadores de este crimen, que más o menos todos sabemos quiénes son y algunos incluso han recibido máximos galardones en nombre de la paz, lo importante es resaltar que esta tragedia está sucediendo ahora mismo.

    Si miramos para otro lado, la poca humanidad que nos queda se esfumará definitivamente.

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