Fundamentalismo democrático para una nación hecha polvo

Mientras los españoles dedicamos toda nuestra atención y energía a resolver, “de una vez” y “para siempre”, este problema aparentemente irresoluble y, además, «nos regeneramos»―¡pintoresca creencia!―, olvidamos un asunto previo a la democracia e infinitamente más importante: la unidad del Estado español.

La democracia por aquí, la democracia por allá, cuál es la mejor, la verdadera, a qué otra se parece y a que otra no se parece, que si tal y que si cual, que si patatín que si patatán. Es desesperante. ¡Aquí no cabe un demócrata más ni un indocumentado menos! Permítanme ustedes, estimados lectores, el desahogo.

Entre tanto, mientras los españoles dedicamos toda nuestra atención y energía a resolver, “de una vez” y “para siempre”, este problema aparentemente irresoluble y, además, «nos regeneramos»―¡pintoresca creencia!―, olvidamos un asunto previo a la democracia e infinitamente más importante: la unidad del Estado español; o dicho de otro modo, la unidad de España como nación, cuestión de la que en última instancia depende el éxito o el fracaso político colectivo y todo nuestro sistema de libertades y derechos. Si acaso, la preocupación ha consistido en ver cuál era la forma mejor y más rápida de debilitarla o de destruirla.

El «Estado Autonómico», consagrado por la Constitución de 1978, al romper el tradicional modelo centralizado del Estado español, vigente durante los siglos XIX y XX, que con sus más y sus menos, sus luces y sus sombras, había venido funcionando hasta el final del franquismo, constituye, posiblemente, la causa principal del debilitamiento de la idea nacional de España y de la mengua de la fortaleza del Estado.

A partir del sacralizado concepto de «autonomía», de cuño netamente autóctono, quizá el único aspecto verdaderamente original de la Constitución española, se procedió durante nuestra «Transición democrática», mediante un proceso de «descentralización», voz también sacralizada, a la radical modificación política y administrativa del Estado, que quedó plasmada en el tristemente célebre “Título VIII” de la Carta Magna.

Magno error fue, a mi entender, este arbitrio constitucional, y mayores aún si cabe los que vinieron después, en la misma línea, ahondando en el error primitivo, al promover un modelo de Estado “abierto y en buena medida indeterminado”, en palabras del actual presidente del Tribunal Constitucional. En la práctica, la descentralización territorial ha ido mucho más allá de la existente en muchos Estados federales, enmascarando un confederalismo abiertamente secesionista.

Las Autonomías, en su errático devenir histórico y político, a modo de entes zombis, allanado su desnortado caminar por la voluntad de políticos “demócratas” de todos los partidos e ideologías, han fomentado con verdadero entusiasmo y eficacia el egoísmo, la insolidaridad y la desigualdad entre las regiones. Se han quebrado y corrompido así los fundamentos de la vida nacional, la cual se basa, precisamente, en virtudes cívicas opuestas, la generosidad, la solidaridad y la igualdad legal y política. Las Autonomías, decimos, han operado como principio y fuerza desintegradora de España. Y han sido los que se consideran demócratas los principales agentes de esta tarea de disolución del Estado.

 

Share

6 comentarios sobre “Fundamentalismo democrático para una nación hecha polvo”

  1. Buen artículo Don José María.

    El tema sin duda es amplio y por ello apropiado para un debate más profundo. Es por esto por lo que me dispongo a introducir algunas “dudas” en dicho discurso, si bien más con el ánimo de armar (añadir información) el debate que con el de debilitarlo o arrimar el ascua hacia algún extremo en concreto (aunque es siempre el lector el que decide si es eso cierto o no).

    Creo en los conceptos de “La unión hace la fuerza” (o incluso el “Divide y vencerás”), pero también me veo obligado a creer en las libertades, y más en concreto en el Derecho a la Autodeterminación (término “desgastado” por los mass media españoles como parte del que fuera eterno discurso sobre ETA).

    La unidad nos beneficia (sic), pero dicha unidad también implica someter las voluntades de los pueblos a la voluntad de “la Capital”. Si formar parte de España es beneficioso ¿no lo sería más aún formar parte de Alemania o quizás incluso mejor de la Unión Europea (sin pasar, en todo caso, por Madrid)?

    Si el concepto de unión es poderoso ¿por qué estar unidos a regiones pequeñas (y subdesarrolladas respecto a otras igual de cercanas) cuando podríamos unirnos directamente a regiones más fuertes aún?

    Tratando de ser neutral y objetivo no dejo de preguntarme si no será el propio egoísmo el que comanda la decisión de obligar a otros a pertenecer exclusivamente a nuestro “club privado”.

    Por desgracia (siempre hay que mirar tras las intenciones de cada propuesta) la impresión es que tanto unos (nacionalistas) como otros (independentistas) sólo buscan un objetivo: apoderarse del dinero generado por la corrupción del Estado en beneficio propio. Los Nacionalistas (entendiendo como tales a los que defienden la actual unidad de España) sólo quieren controlar el patrimonio de las regiones mientras que los independentistas sólo buscan controlarlo en exclusiva.

    Pero por favor no centremos el debate en Cataluña. En mi opinión un 50% de la población no puede obligar a la otra mitad a someterse a ninguna doctrina, por mucho que la consideremos “democrática” (ver este artículo http://www.jotdown.es/2015/11/la-democracia-segun-alexis-tocqueville/ o este otro http://www.jotdown.es/2014/01/la-democracia-segun-schumpeter/ sobre el concepto de Democracia) por lo que no me queda claro si realmente Cataluña quiere ser independiente o no. Es un debate Universal.

    Nadie puede ser obligado a trabajar en exclusiva para una sola empresa. Si quiero irme de ella y formar la mía propia nadie lo vería con desagrado (salvo quizás mi jefe). Pero si atendemos sólo a los deseos de mi jefe.. la cosa cambia. Claro.

    1. El artículo constituye, precisamente, una denuncia del fundamentalismo democrático característico de los nacionalismos catalán y vasco. Fundamentalista es el derecho a decidir la independencia de territorios pertenecientes al Estado español mediante sufragio, como proponen los partidos y los gobiernos nacionalistas vasco y catalán, o partidos como Podemos. Es también una denuncia del idealismo político que desconoce la realidad del Estado nacional realmente existente. Va dirigido contra el nacionalismo fragmentario, catalán, vasco, gallego o cualquier otro posible de base autonómica o territorial. El llamado nacionalismo español es otra cosa bien diferente porque no pretende romper el Estado.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.