La Vida como Voluntad y Representación de la Casta

El mayor filósofo de todos los tiempos, Arturo Schopenhauer,  lo vió bastante claro. Vivimos en el peor de los universos posibles. Nuestras vidas son doblemente zarandeadas por el azar cosmológico de una voluntad irracional, a la que  él llamaba  la ciega Voluntad de Vivir,  der Wille zum Leben, y  en la sociedad humana, por la Voluntad de Poder, der Wille zur Macht, igualmente irracional y finalmente destructiva.

El individuo es insignificante,  totalmente prescindible en la naturaleza brutal, pues esta sustituye a unos individuos por otros en lo que Dante ya denominaba, el gentío interminable de los muertos anónimos que gritan en el infierno.

Por eso la Política siempre será un problema, pues es sólo la Erscheinung (apariencia, representación) de la Wille zur Macht, de la misma forma que nuestras acciones y hasta la propia razón lo es de la Voluntad Irracional de vivir.

El hombre moderno vive pues en la esquizofrenia de dos mundos igual de irracionales, que en último terminan por engañarlo y aplastarlo.  El primero, el biológico, sólo busca con su reproducción la propia conservación ad-aeternum de la Voluntad Irracional, el segundo, el social, satisfacer el ansia de dominio y poder irracional de la casta, con su sometimiento.

La única salida posible, como ya concluía Schopenhauer, es la renuncia  a la vida y la sociedad, es la única forma de ganarle a las dos voluntades irracionales, que lo dirigen todo.  Esto no significa el suicidio, ni mucho menos, pues el suicidio sólo mata a la apariencia de la Voluntad que es el individuo, pero no a la Voluntad en si misma, que es la realidad fuera del espacio-tiempo kantiano. A la Voluntad se la vence tomando consciencia de su existencia a través del Arte y nuestra propia introspección psicológica. Y en último término, desarrollando la ética de la compasión, Mitleid, es decir mirando al político como a un pobre miserable, conducido por la absurda Voluntad de Poder que lo esclaviza y finalmente machaca.

La renuncia no es pasiva, tampoco es resistencia, es superación y salida de la rueda eterna de los deseos, de la rueda vital de la rata. Nunca jamás lograremos meta alguna, pues una vez conseguida nos parecerá como si jamás hubieramos hecho nada. La contemplación, el Arte y la ética, son la clave para salir del circuito  irracional de la vida, y del de la casta.

Share

6 comentarios sobre “La Vida como Voluntad y Representación de la Casta”

  1. La «representación» o «apariencia» del mundo no es el mundo en sí (aunque esté contenida en él). Es sólo la «imagen» que tenemos del mundo en nuestro cerebro, que de ninguna forma se corresponde con el mundo en sí. Ejemplo simple: un daltónico, o un gato, o un filipino… ve el mismo mundo que nosotros, pero para él la apariencia es diferente.

    Así pues, es la apariencia, que puede «modificarse» ya sea por el propio estado de ánimo, las creencias, la publicidad, etc, etc… aquello de lo que debemos huir, ya que es el vehículo a través del cual somos manipulados por otros individuos a través de información convenientemente sesgada.

  2. Adam,

    No es salirse del mundo, porque el mundo es apariencia. Ud es de esos que va a una ópera y confunde la tramoya, las cualidades vocales de los cantantes, tal o cual efecto de la orquesta, con el contenido del drama musical.

    La apariencia no es un invento filosófico, ni moral, es que la vida es así, irracional, no hay propósito alguno, por eso hay que escapar no de la vida, sino de su apariencia visible en la rueda del deseo que lleva a la insatisfacción permanente.

    1. El Mundo no es Apariencia porque el Mundo es todo lo que es. Desde el momento en que usted diferencia entre Apariencia y lo que no es Apariencia, ya está dejando a la no Apariencia fuera del mundo, lo cual es PIIIIIIII!!, una contradicción.

  3. No. El «salirse del mundo» no es una opción real, sino que es metafísica barata de la de Kant y Wittgenstein. El Ser es un Ser-en-el-mundo. La consciencia del Dasein le permite hasta cierto punto elegir la forma de ese ser en el mundo, pero nunca evadirse de el, pues son la misma cosa.
    Y entre esas infinitas opciones de afrontar el vacio existencial que nos provoca ese sinsentido intuido por la consciencia, está la superior a todas las demás, la de Nietzsche: arrojarse a la vida, pero siempre con esa percepción superior que nos separa del que siempre se arroja totalmente, el animal, y que a diferencia de el, nos provee de la capacidad de darnos cuenta de que, -si bien ese arrojo es no voluntario sino que cualquier forma de vivir la vida es arrojados al mundo incluso cuando intentamos escaparnos-, la vida misma, la experiencia misma tiene ese carácter leve, teatral.
    Arrojarse no es la única forma de vida auténtica, porque todas lo son necesariamente. Pero esa actitud-de-arrojarse con la consciencia última -y relativamente aparte- de que todo es como un juego, esa es la actitud superior de vida, porque nos permite satisfacer el impulso último de toda consciencia, el placer, en mayor número de situaciones. Nos permite disfrutar de las experiencias de la vida sin una estricta necesidad de que proporcionen un placer concreto y determinado, sino en su dimensión real, la de aventuras existenciales.

  4. Si la deriva opresiva de los poderes sociales, convierten en una acción sentata abandonarse al monte, como un indio sobreviviendo a base de bellota silvestre

Responder a Adam Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.