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La universidad catalana y el racismo de la Generalitat

En todo nacionalismo tribal decimonónico, lo cultural no puede separarse de lo racista biológico.  El catalanismo hijo del siglo XIX nació bajo estos determinantes: una idealización del pasado unida a la interpretación racista del darwinismo, considerando no sólo a lo catalán, sino a la raza catalana como superior genéticamente al resto de los españoles.

Lo aberrante del nacionalismo catalán actual, como el vasco, no es sólo aquel origen histórico,  sino que no haya evolucionando en absoluto desde el  siglo XIX. Por el contrario, las consideraciones racistas y de superioridad cultura basada en historia-ficción delirante, están hoy en día más presentes y exageradas que nunca. En esto el catalanismo se ha quedado como curiosidad arqueológica política para los cientificos sociales extranjeros. Lo pasmoso es que en España esta arqueo-ideología muerta siga teniendo tal poder político, cultural y social, para que la oligarquía política regional movilice a sus masas a favor de la secesión. Es tal su potencia, que lo del carácter democrático o no que tuviera el nuevo Estado Catalán pasa a un muy segundo plano.

De hecho, hoy en día, la oligarquía catalana obra como si de facto fuera la dueña del nuevo Estado Catalán basándose como única justificación en inventados agravios históricos, que sólo existieron en la parte francesa, donde como se sabe desde Luis XIV el catalán como idioma y su autogobierno quedaron prohibidos.  El delirio histórico es de tal magnitud que Arturo Más , a pesar de tal persecución del catalán por parte de Francia, ha querido meter a Cataluña en la comunidad francófona, separándose de la España que salvó a esa misma Cataluña de desaparecer históricamente de no haber sido reconquistada por sus tercios, gracias a lo cual, acto seguido se les restituyó a los catalanes liberados su autogobierno, cultura, lengua y legislación.

Edicto del rey francés Luis XIV prohibiendo el catalán.

Como decimos, hoy en día, el Estado Catalán ya se ha impuesto en la región como hegemón cultural y propagandístico, antesala de  la inevitable independencia de la región.   Esto lo vemos con claridad en la ideologización nacionalista de las propias universidades catalanas, que saben perfectamente que el amo al que tienen que obedecer no es otro que la propia Generalitat. De lo contrario, esos profesores se arriesgan a perder sus puestos, privilegios y subvenciones como castigo.

Un ejemplo de tal sesgo ideológico racista nacionalista catalán lo vemos en muchas investigaciones pagadas con dinero de la Generalitat para darle carácter científico a  los asertos racistas nacionalistas.  En un artículo publicado en una revista, la American  Journal of Human Genetics, a la que su aparente prestigio no le ha impedido chuparse una investigación mediocre de la universidad nacionalista catalana, Pompeu Fabra, afirmaba haber demostrado que un 33% de los españoles son descendientes de judíos y moriscos.  Por supuesto, en la investigación quedaba muy claro que Cataluña no, que los catalanes mayoritariamente tenían «genes europeos» a diferencia del resto del país.

Los medios españoles, fieles a su filosofia de publicar en plan teletipo y acríticamente todo lo que les cae en las manos,  y más viniendo de Cataluña, no gastaron ni un minuto en cercionarse de la válidez metodológica del estudio. Sólo hacía falta leerse el paper para descubrir fallas monumentales, como por ejemplo, la falta de significación de las muestras recogidas, por su escaso número en un estudio poblacional de estas características, aderezadas con gratuitas especulaciones sin mayor base que las elucubraciones del muy catalán Dr.  Calafell, uno de los investigadores.   El estudio de hecho ha sido ya desacreditado por esto mismo, pero a pesar  de eso aún sigue siendo citado para sentar cátedra sobre el asunto.

En investigaciones que sí han tenido muestras poblaciones representativas, y el screening genético ha sido más exhaustivo, se ha demostrado todo lo contrario, que España es de hecho el país genéticamente más homogéneo de Europa.

Distribución de haplotipos Y

Para mayor desgracia de las tesis nacionalistas del Dr. Calafell, lo que él llama marcador judío y «morisco» podría ser considerado con razón como marcador mesolítico oriental, es decir, que los judíos y moriscos compartirían con otros pueblos que no tienen nada que ver con judíos, ni con moriscos.

De hecho si nos ponemos exquisitos, Cataluña ni mucho menos tiene la pureza «racial» de la que presume el Dr Calafell

Comparación genética con judíos sefarditas y norteafricanos.

No entendemos como narices se ha podido colar una investigación errónea de tal calibre en una revista científica de cierto prestigio. Es evidente que la Generalitat ha hecho todo lo posible para que los resultados de la misma se difundieran internacionalmente. Sabemos que el New York Times, por ejemplo, recibe considerables sumas de dinero de la oligarquía política catalana para propagar y prestigiar el alocado ideario nacionalista catalán urbi et orbi. Lo que es increíble es que la prensa española se haya tragado en su día el bulo sin mayor problema, y que posteriormente no haya hecho acto de enmienda o refutación alguna.

En Radio Ansite, por supuesto,  todo esto nos parece una auténtica boutade de las muchas a las que nos han acostumbrado las autoridades catalanes desde hace tiempo, sin freno ni sentido del ridículo alguno. Estos estudios genéticos para nosotros no tienen otro objetivo más que dilucidar históricamente la presencia de cuales o tales pueblos en España, lo cierto es que un negro pigmeo y un europeo blanco tiene en común el 99.99% de sus genes, y que todo esto de crear divisiones de una humanidad de primera y otra de segunda no merece la más mínima de las consideraciones, salvo la que no sea poner en evidencia el ideario racista filonazi de los nacionalistas dirigentes, que usan la universidad para corroborar pseudocientíficamente su absurdo ideario de odio y  victimismo.

 

 

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